Y SI DEJO DE DUDAR

En un país diferente, habiendo superado la mitad de mi vida y habiendo encontrado en mi acelerado estilo de vida, el deseo de cambiar, tras la desilusión de no haber logrado lo que esperaba para ese momento de mi vida. Me llenaba de temores, pesares y frustraciones el encontrarme distante de aquello a lo que había llamado sueño, de aquello que había tenido como objetivo. Me costaba pensar en que a pesar de mi lentitud para alcanzar lo que me había propuesto algun dia llegara a alcanzarlo.

Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y los protegerá del maligno.
2 Tesalonicenses 3:3

Con el pasar de los días, estando preocupado de no estar preocupado, sintiendo algo que no podría definir como paz o tranquilidad, sino una sensación de transición, me llenaba de temor el creer que el mañana podría llegar y encontrarme sin nada, que mis posibilidades dependen de una situación o condición en la que no era independiente, sino extremadamente dependiente. En donde mi capacidad de pago podría acabar con mi presente y mi futuro por sí solo, si todo se detendría.

Agotado de pensar en positivos y negativos, de dudar, de pensar en el mañana, lleve mis pensamientos a cero, a un limbo en el que me tenía que recordar constantemente que Dios tenía que tener todo bajo control, que estaba en sus manos y que de ellas caería o me levantaría al final del proceso, unos meses después, defendiendo mi más grande victoria o mi más grande derrota.

Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación. Selah. Salmos 32:7

Como un pila de jenga o una fila de dominó, que debe ser sostenida por si sola, que depende del equilibrio que mantenga, puedo decir que me encontraba pendiendo de un hilo para caer como una naranja, directo y fuerte al suelo; o para sostenerme en ella y adquirir la práctica necesaria como para mantenerme estable por un tiempo mayor, Y allí encontrar fortaleza, destreza y reconocimiento.

Decidido a no pensar más en mi situación, si no a disfrutar el hoy y a esperar el mañana. Decidido a creer en que mi fe cambiara mi manera de pensar si o si, y poder finalmente descansar, volví a soñar como lo hacía de chico, volví a creer en que tendría un mañana diferente, en que los milagros y las cosas que no tienen explicación podrían tener lugar de nuevo en mi vida.

Armando lo más parecido a un rompecabezas de fichas desiguales y sin conocer la imagen final, me di por vencido y me dispuse a entregar el control de mi vida a Dios, a construir solo lo que él me permitiera construir y a llegar tan lejos como él me permitiera llegar. Sin mucho que decir las sorpresas empezaron a  tener lugar y a completar la paz que me hacía falta, a llenarme realmente y permitirme vivir como buscaba poder hacerlo.

Los días pasaron y mi angustia también, la mera idea de haber aceptado mi condición de hijo, de contar con un padre mayor al que yo podría convencer, cambio mi condición y me hizo pensar en que podría ser necesario y clave para alguien o algo, si Dios me daba el encaje perfecto en ello.

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