FUERA DE CONTEXTO, UN LLAMADO A CREER

Después de casi 10 meses de espera, de creer y de haber decidido confiar en lo que creía que era mi convicción y en lo que creía que era lo que debía hacer. Me encontré sumergido en un mar de altibajos, de inconstantes, de positivos y negativos. Me encontré formando una relación cuyo final parecía tener nombre, pero tenía momentos tan edificantes como una escena de una serie de Netflix y momentos tan discretos o serios como un juego de ajedrez. Me encontré forjando una relación que creaba y enseñaba a ambos lados, inclusive en negación a creer en que algo podría ser construido.

Confía en el Señor y de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Proverbios 3:5

Fuera de contexto y del que creía había sido mi llamado, decidí tomar las armas por mis manos, decidí seguir adelante, no detenerme e intentar forzar cada momento a suceder y vivir al máximo cada momento. Con el control en mis manos y llevando el hilo de las comunicaciones de acuerdo a mis intereses, me encontré de nuevo en un lugar de múltiples dudas e interrogantes, en un lugar en donde las memorias del pasado vivido por ambos tenía lugar en el presente de nuevo.

Lleno de malos recuerdos la frustración tomó lugar de nuevo en mi vida, la inseguridad tomó el liderazgo de la situación y todo lo que hubiera calificado como el pico más alto de una relación, se fue a cero en el momento menos esperado. Un bajo que me haría reflexionar, que me pondría de nuevo en contexto y me recordaría a él como todo había empezado. Que me haría recordar que todo empezó y continuó por un llamado a creer en un después, en un largo plazo, en un sueño hecho realidad.

Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. Romanos 8:28

Sin dar más vueltas a mi situación, debo decir que mi confusión y mi llamado a creer rondaba en torno a la necesidad de mantenerse enfocado en una sola cosa, una sola mujer y un solo objetivo; un objetivo llamado Dios, el tamaño de mi fe y la mujer que por primera vez en mi vida me había hecho replantearme todo más de 100 veces y que a pesar de que intentaba evadirla no lo lograba.

Rendido, sin palabras y entendiendo que en mis fuerzas nada me sería posible. Me encontré en un mar de preguntas cuya única respuesta era acercarme a Dios en oración, acercarme a Dios estudiando la biblia y mantenerme atento a él y solo a él. Entendiendo que si eso sucediera él me respaldaria. Hoy escribo con mi mente volviendo de nuevo a el punto cero, arrepentido de haber tomado todo por mis manos y viendo el como Dios continuaba moldeando en mis ojos, la mujer perfecta para mi. Una mujer imperfecta, pero mejor que lo que yo era.

Con esto quiero invitarte a creer en que Dios puede hacer tus sueños realidad, permitirte creer.

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