¿Eres más viejo, más joven o más maduro?

Al final de la noche del miércoles caminaba por la calle en camino hacia el transporte publico que me llevaría a casa junto a otros 2 amigos, con mas o menos mi misma edad, entre 20 y 30 años, después de haber participado de una celebración de cumpleaños, extraña, para nosotros en el lugar donde nos encontrábamos, porque no se acostumbra allí a celebrar un cumpleaños, pero si es común en nuestros países de origen.

Cruzando las calles esa noche, conversaciones iban y venían entre nosotros, en donde recuerdo que discutíamos acerca de nuestros propios conceptos y formas de ver del momento de la vida en el que nos encontrábamos, de si nos sentíamos mas viejos o mas jóvenes, si debíamos pensar de una forma o de otra, y de diferentes temas comunes, siendo los mas resonantes; de si estábamos a tiempo o no para tomar decisiones de compromiso o de libertad con una pareja, una propiedad, un trabajo y/o un proyecto de vida, de si para el momento estábamos cumpliendo o no con nuestras propias expectativas de nosotros mismos o sobre las que nuestras familias habían depositado sobre nosotros, Preguntas y preguntas que a pesar de que intentábamos abordar desde diferentes perspectivas, solo nos llevaban a dudar y confrontar la que era nuestra realidad.

“Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros”.

1 Corintios 14:20

Realidad que en la ciudad donde nos encontrábamos, era tan diversa como que casi el 50% de su población residente actual es extranjera, que mantiene la segunda media de longevidad mas alta en el mundo y que tiene tantos idiomas hablados reconocidos como los que pudo haber en la historia de la pirámide de babel en la biblia. Realidad que era puesta prueba cuando un hombre o una mujer de 70 años se reusaba hacer llamado y/o tan siquiera considerado adulto mayor, disponiéndose a bailar, escalar y/o viajar como el mas joven de los adolecentes.

Pero que controversialmente era reconocida por sus pares entre 10 y 16 años mas jóvenes que no esperaban a cumplir mas de 50 años para gestionar su prejubilación y retiro de la población laboral, para ser incluidas en los beneficios y las subvenciones de las personas mayores, para volver a su vida de ocio y de dar la vuelta a sus hábitos para reactivar la que era o nunca dejo de ser su vida de soltero.

Un lugar en donde nunca se es demasiado joven como para privarse de algún derecho, pero en donde nunca se es demasiado viejo como para casarse, pensar en tener hijos o pasar de épocas de largos fines de semana de fiesta, sin dormir. Un lugar en donde la necesidad de Dios es tan amplia que ni siquiera es considerada, porque la esperanza de vida parece prometer una eternidad en la tierra, un lugar en donde las historias de “Peter Pan y el país de nunca jamás” dan la mejor explicación.

Ante este entorno que pretende mantener una sensación de que el tiempo no transcurre en el estatus mental o físico, pero si para la actividad profesional. Que da la imagen de un limbo intermedio, que como la señal de stand-by en un electrodoméstico, se enciende sin dejar ver y se apaga sin cortar del todo la imagen. Pude entender y vivir de frente el significado de la palabra edad, del refrán que da serenidad y conocimiento al anciano, de el peso de la experiencia y la practica, que concluían no en un calificativo de vejez sino en una apreciación de madurez y preparación.

Confundido entre aprendizajes y dudas, pase tiempo sentado buscando un símil que me diera una luz de comparación y significado, que me dejara llegar a una conclusión. Vino a mi mente la parábola de los talentos, en la que diferentes raciones de talentos, son entregados a cada personaje por gracia y sin un objetivo explicito, en donde cada uno tenia autonomía sobre el que haría con la responsabilidad o el privilegio que le había sido dado, en donde unos decidieron recibir para hacer, honrar y encontrar propósito a lo que les había sido dado y en donde otros decidieron guardar o depositar lo recibido para esperar a que llegase el momento de su devolución.

“SEÑOR, hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que yo sepa cuán efímero soy. He aquí, tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo. (Selah) Sí, como una sombra anda el hombre; ciertamente en vano se afana; acumula {riquezas,} y no sabe quién las recogerá”.

Salmos 39:4-6

Para cuando el momento llego, no tener mas respuesta que devolver lo que les había sido dado, habiendo dejado que el privilegio y la virtud que había recibido perdiese su valor, para ver que otros habían tomado con valentía su bendición y mantenido su valor en honra….

No queriendo repetirte con esto la parábola de la biblia y/o sonar como una abuela, solo quiero decirte que cuando comprendí que lo que describe la historia como talentos, eran los minutos y días que se me habían dado como bendición, pude concluir el porque no se trata de vejez y de madurez sino de lo que llegar a su condición y apreciación generan, de entender que cada minuto tiene un propósito, que Dios y no yo, puso este tiempo en mi cuenta y de que es para su gloria infinita y no para la mía finita que todo tiene buen fin.

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